La mentalidad en una Sociedad Psicologizada.
Actualmente los expertos en psicología proclaman que existe una nueva norma científica de conducta para reemplazar las marchitas tradiciones(…) se habla del hombre “dirigido por otros”(…) un hombre psicológicamente dirigido. Nos hemos replanteado lo que es la normalidad así como la felicidad y la paz espiritual, y le hemos dado el nombre de buena salud mental.
Históricamente, la insanía era una desgracia que afectaba a pocos(…) podían ser mediocres, o desdichados, o hasta excéntricos, pero se les consideraba cuerdos(…) ahora todos somos enfermos, porque la normalidad es casi inalcanzable. Se ha redefinido la normalidad, ha tomado las reacciones dolorosas y las vicisitudes normales de la vida -desesperación, ira, frustración- y las ha etiquetado como inadaptaciones. Con esto hemos renunciado a nuestro sencillo derecho a ser normales y sufrir al mismo tiempo. Antes las personas afrontaban las crisis ordinarias de la vida ellas solas o con ayuda de sus familias. Ahora todos quieren psicoterapia.
Con la disminución de la creencia de la inmortalidad y el fin de la moralidad absoluta, la psicología se está erigiéndose como su sustituto más generalmente aceptado. La perfectibilidad se buscó antes a través de la intervención de Dios, pero ahora se consigue por adaptaciones supuestamente científicas de la psiquis. La idea religiosa tradicional del pecado está volviendose obsoleta, pero el concepto médico-psicológico de enfermedad mantiene la idea casi intacta. La supuesta existencia del inconsciente, equivalente anticlerical del alma del hombre(…) donde se ocultan, ostensiblemente, los secretos de la conducta humana. La conducta del hombre se juzgaba correcta o mala, de acuerdo(…)con Dios(…) pero Freud ha contribuido a la desintegración de este concepto religioso que denominó un “modelo infantil”.
Las ideas ateístas de Freud, han sido usadas, paradójicamente, para reforzar la vacilante creencia en un Dios antropormorfo. Ministros, sacerdotes y rabinos acuden ahora en rebaño a cursos de asesoramiento pastoral, de lo que muchos miembros del clero emergen más parecidos a freudianos que a cristianos. El atractivo es irresistible. Para el moderno hombre egocéntrico, la perspectiva del yo reemplazando a Dios, erguida en el centro de un sistema filosófico mundial, es exquisitamente atrayente. El doctor Alfred M. Freedman, ex presidente de la American Psychiatric association, plantea un punto perturbador. “Es posible que se pruebe que la teoría freudiana no es más científica que la astrología o la frenología”.
Gordon W. Allport psicólogo de la Universidad de Harvard, advertía a sus colegas que se cuidaran de construir teorías generales sobre la conducta humana basándose en muestras reducidas de personas. Allport llamaba a esta usual tendencia anticientífica “empirismo galopante” y estaba convencido de que era una “enfermedad ocupacional” de los psicólogos.
Actualización::
La palabra falacia, según la R.A.E. implica quién intenta dañar o falsear para dañar a alguien. Por supuesto este término usado por Gross y por nosotros no lleva esta implicación. Creemos que los errores de ninguna manera son intencionales, aunque muchos de los errores sí que han sido dañinos.
El investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford John Loannidis calcula que “la prevalencia de las falacias sin rebatir puede representar hasta un 95% (si no más) de los hallazgos significativos en alguna áreas de investigación en psicología” o en medicina. Uno de los aspectos que muestran las sus debilidades de buena parte de la investigación biomédica (y psicológica), es la baja tasa de resultados obtenidos en un laboratorio que se puede repetir en otro independiente, algo fundamental (que estableció el positivismo) para comprobar si una afirmación es científicamente cierta. Por eso “ Es fundamental de la ciencia, ser consciente de las limitaciones, reconocer los errores y corregirlos.” nos dice Antoni Andreu.
Un insigne maestro, el doctor Federico Uribe nos puntualizaba: en psicología es imposible repetir dos veces el mismo experimento en forma idéntica, como lo exige la norma científica, por la sencilla razón que si la misma persona repite el experimento por segunda vez, ya no es la misma persona, pues tiene una experiencia que no tenía la primera vez. Con mayor razón si es una persona distinta.
Hace unas décadas la “revolución científica” aparecía vinculada a los cambios de paradigma. En lugar de disponer de un único paradigma como “antiguo”, disponemos hoy de varios paradigmas explicativos. Lo que sucede en el mundo científico contemporáneo es la multiplicación incesante de los paradigmas, nos dice, Polaino-Lorente y García,(1993), que en lugar de hablar de revolución científica, en muchos aconteceres y disciplinas académicas nos encontramos ante el hecho de la confusión científica.
Sin embargo, de una forma u otra, en el caso del psicoanalista, siempre tiene la razón. No hay forma que se equivoque, no importa lo que diga. Cualquier pensamiento contrario al psicoanálisis fácilmente es tachado de “resistencia”. Aún más. Si el resistente es “terco”, los psicoanalistas no temen en profundizar su ataque diciendo que el crítico sufre alguna patología mental. Los disidentes al movimiento psicoanalítico sufrieron esto en su gran mayoría. Tenemos entre los seguidores de Freud que pusieron en duda muchas de las hipótesis del psicoanálisis a: Alfred Adler, Carl Jung, Wilhelm Stekel, Otto Rank, Melanie Klein, Karen Horney, Harry Stack Sullivan, Víctor E. Frankl, Melitta Schmideberg entre otros y autores más actuales como: Eysenck, Szasz, Erwin, Rachman y Wílson, Zilbergeld, Van Rillaer, Masson, Holmes, Kihlstrom, Mowrer, Cioffi, entre otros.
El doctor Szasz, (El mito de la psicoterapia,1978), profesor de psiquiatría en la Universidad Estatal de Nueva York ha sido un crítico vocal durante años. Ha llamado a la psiquiatría una pseudo-ciencia, como la astrología y la alquimia. Afirma que el concepto de enfermedad mental es un mito, una cómoda etiqueta adoptada para disfrazar y hacer con ello más aceptable la amarga píldora del conflicto moral en las relaciones humanas. Insiste él en que ninguna forma de conducta anormal es una enfermedad, y que por lo tanto el tratamiento de las mismas no entra dentro del campo de la medicina. Va aún más lejos al opinar, que quizá la mayoría de las técnicas psicoterapéuticas son dañinas para los pretendidos pacientes. “Todas estas intervenciones y propuestas deberían por tanto ser consideradas como dañinas hasta que no se demuestre lo contrario”.
Bernie Zilbergeld, en Psicoanalización y encogimiento de América (1983), dice que por lo general es tan útil para un consultante hablar con un lego como con un profesional. Jeffrey Masson es graduado del Instituto Psicoanalítico de Toronto y miembro de la Asociación Psicoanalítica Internacional. Tuvo el cargo de Director de proyectos de los Archivos Sigmund Freud. En el prefacio de Against Therapy (1983), escribe: “Éste es un libro acerca de por qué creo que la psicoterapia, de cualquier tipo, es un error. Aunque crítico de muchos terapeutas y terapias de manera individual, mi objetivo principal es destacar que el mismo concepto de psicoterapia es un error”.
Entre los libros actuales sobre este tema podemos citar, “El libro negro del Psicoanálisis: vivir, pensar y estar mejor sin Freud, (2007). Es un compendio de artículos de más de cuarenta autores, de diferentes lugares y épocas, dirigido por Catherine Meyer. Freud, tuvo el genio de encantar nuestra vida cotidiana, con la interpretación de los sueños, con los lapsus reveladores, con los actos fallidos, con los sentidos ocultos y la omnipresencia de nuestros pensamientos más irracionales: de pronto, todo tenía un sentido, todo se podía explicar y en consecuencia nos encontramos que el lenguaje del psicoanálisis ha hecho mella en el lenguaje corriente y en disciplinas como la antropología, la historia o la pedagogía. En algunos países, (y uno es el nuestro), la mayoría de los psicólogos y psiquiatras practican un remedo de psicoanálisis o alguna terapia de inspiración psicoanalítica; mientras en otros países esta teoría casi a desaparecido.
El doctor Hans J. Eysenck, profesor de psicología en la Universidad de Londres, se pregunta:
¿ Qué podemos decir de Freud y de su lugar en la historia ?. Y contesta: “Él fue sin duda un genio, no de la ciencia, sino de la propaganda; no de la prueba rigurosa sino de la persuasión; no del esquema de experimentos sino del arte literario. Su lugar no se halla, como él pretendía, junto a Copérnico o a Darwin, sino junto a Hans Andersen y los hermanos Grim, autores de cuentos de hadas. Este puede ser un juicio riguroso, pero el futuro lo respaldará”.
En el fondo de muchos problemas psicológicos, late un problema religioso que no solo no se enfrenta, sino que se evita. Se trata de resolver los problemas del hombre quitándole parte esencial de su propia naturaleza. Con el pretexto de hacer una terapia amoral, resulta que en la mayoría de las veces, se llega a la inmoralidad. Si el hombre ha perdido el sentido de la vida en la medida que ha perdido a Dios, esta teoría psicoanalítica y muchas otras, al ser en principio ateas, no pueden hacer algo que solucione este problema ni sus derivados. Y por supuesto, al no incluir su espiritualidad, generan otros problemas peores. Esto depende del tipo de antropología o concepción del hombre que tenga el terapeuta.(1)