Libro Antropología Psicológica: Hacía una teoría de la integración de la psicología (Parte 2 de 3)

PLENITUD DE LA PERSONA

La energía mental  y el espíritu logran la plenitud de su finalidad y objetivo con el predominio de los modelos de perfección, con lo que se puede controlar el poder, el placer y la soberbia, para convertirse en voluntad, amor y sabiduría que se resume en santidad [C46].

En todas las cosas finitas las tres categorías se mezclan en sus contrarios: la voluntad con la impotencia, la sabiduría con la ignorancia, el amor con el odio.  Solamente en Dios que es infinito, se excluyen tales contrarios y las tres existen en su pureza y absolutez.

La Santidad es sabiduría, caridad y obediencia a Dios.

La sabiduría tiene un conocimiento profundo de la realidad que además considera las causas últimas y, por encima de todas, el fin último. Por lo tanto todo tiene un orden con relación a Dios.

En la caridad existe una comunión del hombre con Dios que nos comunica su gratitud, es la amistad del hombre hacia Dios, es amor unido a la benevolencia, o sea, aquel que quiere el bien del que se ama y no quiere apropiarse simplemente del bien que se halle en la cosa amada (Santo Tomás).

La santidad es humildad, es reconocer las propias insuficiencias, cualidades y capacidades, las que aprovecha para obrar el bien sin llamar la atención ni recoger el aplauso ajeno.

La santidad es el grado excelente y superior de la virtud o de la virtud como religión.  Es el grado de lo sublime.

El santo ama a su enemigo y reza por los que le persiguen y calumnian. El santo ama ante todo. No replica al malvado, por el contrario, si alguien le golpea en la mejilla derecha, presenta también la otra. Al que quiere entrar en pleito con él para quitarle la túnica, le deja también la capa. A quien lo fuerza a andar una milla, va con él dos. A quién le pide, da y no rehuye al que le pide algo prestado. Cuando da limosna, su mano izquierda no sabe lo que dio su mano derecha.

El santo pide perdón a Dios, porque puede perdonar a sus semejantes; sabe que allí «donde está tu tesoro allí estará tu corazón». Amontona tesoros en el cielo, donde ni polilla ni herrumbre corroen, y donde los ladrones no socavan ni roban.

Sirve a Dios y no a las riquezas, porque sabe que «nadie puede servir a dos señores porque o tendrá aversión al uno y amor al otro, o prestará su adhesión al primero y menospreciará al segundo».

El santo oye las palabras de Dios y las pone en práctica.  (MT 5, 6 y 7).

Tiene fortaleza, en situaciones ambientales perjudiciales a una mejora personal, resiste las influencias nocivas, soporta las molestias y se entrega con valentía en caso de poder influir positivamente para vencer las dificultades y para acometer grandes misiones.

La santidad tiene una gran capacidad para sufrir, hasta el martirio, por amor de Dios, al prójimo y para salvación de las almas. El sufrimiento tiene como elemento principal la entrega, tomar su «Cruz» con valor, que nos da el crecimiento y la madurez espiritual.

El encuentro con la santidad produce felicidad. La plenitud de la mente es la sabiduría y del espíritu la santidad.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *