PLENITUD DE LA PERSONA
La fuerza vital logra la plenitud de su finalidad y de la persona solamente con el predominio de la Estructura Terciaria o Función de Conservación del Ser, con lo que se puede controlar el poder y dirigir la acción.
Esta fuerza se manifiesta en la voluntad, [A46] (O. Rank). Sólo cuando se puede controlar y dirigir la fuerza vital se tiene voluntad, la que nos conduce a la virtud y por lo tanto al bien.
La voluntad es una forma de esfuerzo, nutrida desde lo hondo de las necesidades, impulsadas y ordenadas por la anticipación consciente del fin y de los medios, (Stern).
La virtud es el poder de la voluntad; la comprensión racional del fin y de los medios a que se dirige la acción (Sócrates y Platón); la fortaleza moral de obrar de acuerdo con los principios del deber (Kant); disposición constante de obrar bien.
Las virtudes cardinales: la templanza, la prudencia, la justicia y la fortaleza. Las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad.
El Bien es la realidad perfecta o suprema. Está formado de valor (Max Scheler) y del concepto de finalidad (Kant). Y su plenitud se da con el amor, la sabiduría y la santidad.
Cuando la voluntad dirige la acción en el medio físico logra su mayor realización en el ayuno y la abstinencia, la mortificación y el sacrificio, (dominio corporal), y en general en la pobreza (dominio de las cosas).
Cuando la voluntad dirige la acción en el medio social logra su mayor realización en la castidad, (dominio afectivo y sexual).
Cuando la voluntad dirige la acción en el medio cultural lograr su mayor realización en la obediencia y humildad (dominio mental-espiritual), ser en el bien (Kant).
El encuentro con el bien produce alegría y júbilo.
El bien es la máxima realización a que puede aspirar la acción con la voluntad.